Hemos entrevistado a Israel Agapito, indígena Puinave y profesor de Batuta hace 12 años.

La voz del profesor Israel Agapito Martinez tiene un tono franco y decidido cuando habla de la música en su vida, pues ha sido una compañera leal desde sus 8 años, cuando los evangelizadores llegaron con instrumentos y nuevos sonidos a su comunidad indígena Puinave, en la exuberante Selva del Guainía.

Israel ha explorado diversas fronteras del territorio colombiano en su trabajo como maestro de música y se ha caracterizado por proteger orgullosamente su cultura Indígena y mantenerla vigente. Desde hace 12 años, trabaja con la Fundación Nacional Batuta como parte del programa ‘’Música para la Reconciliación’’ – financiado por el Ministerio de Cultura de Colombia - en la formación musical de niños, niñas, adolescentes y jóvenes del Guainía, con los grupos étnicos Puinave, Sikuaní, Piapoco, Cubeo, Curripaco, Guanano, Piaroa y Tucano.Hemos hablado con él acerca de su trabajo, su cultura y su opinión sobre la música como herramienta para la transformación social.

Entrevistador: Ya son 12 años en la Fundación Nacional Batuta liderando procesos de formación musical en comunidades indígenas en Puerto Inírida.

¿Cuál es la experiencia más memorable?

Israel Agapito: Sin duda la llegada de la Fundación a nuestra población. Antes de Batuta, como me sucedió a mí de pequeño, no había ninguna entidad de formación artística para niños y niñas; la comunidad se sentía excluida. Haber tenido la oportunidad de trazar las primeras líneas de enseñanza musical, con un componente de acompañamiento psicosocial, marcó la diferencia pues pudimos empezar a trabajar en el desarrollo social de nuestra comunidad desde la música.

E: ¿Cómo fue el inicio de este proceso de trabajo con la comunidad?
IA: El inicio de este proceso se remonta a mi nacimiento. Yo soy de la etnia Puinave y crecí en una comunidad que agrupa 8 etnias en el sector de Yuri Cañon Bocón. Desde pequeño, con la llegada de los primeros evangélicos a nuestro territorio, sus nuevos instrumentos y sonidos me atrajeron y aprendí empíricamente a reconocer cómo funcionaba una guitarra, cuáles eran sus partes y cómo debía sonar. En ese tiempo – ¡Imagínese, hace 30 años! – tener una guitarra estaba fuera de nuestro alcance, así que mi papá me construyó una con latas e hilos de nailon de pescar. Con ella empecé a hacer música y me gané el reconocimiento del músico de la casa. Yo mostraba mucho entusiasmo por la música, así que mi papá se fue hasta Venezuela y me compró mi primera guitarra.

En los años noventa nos vimos forzados a dejar nuestro territorio y nos mudamos a Inírida debido al conflicto armado, ese desafortunado episodio, me abrió una puerta para conocer la Casa de la Cultura Municipal. Allí aprendí de grandes maestros durante cinco años en los que mi entusiasmo me llevó a convertirme en monitor. Este crecimiento y mi rol de músico de la comunidad, me brindaron un reconocimiento social.

Una vez llegó Batuta con sus programas musicales sentí un gran entusiasmo y pude trabajar en brindar esa posibilidad que yo no tuve cuando era niño. Desde el primer momento hubo una gran aceptación e interés por parte de la comunidad y a través de los años, Batuta se ha convertido en una pieza clave del desarrollo social de nuestras etnias y un punto de encuentro muy preciado.

E: ¿Cuál ha sido el mayor reto que ha encontrado trabajando con niños y niñas de comunidades indígenas?
IA: Inicialmente el Centro Musical de Batuta se instaló en el Centro Musical de Inírida antes de hacerlo en el resguardo. Allí pude evidenciar que hay una diferencia en el proceso de aprendizaje de los niños del municipio: los niños Indígenas comprenden la música primero desde los sentidos, en vez de los conceptos. Por ejemplo, en la comunidad yo primero les muestro el instrumento, los enseño sus sonidos, después les muestro cómo se interpreta y cuáles son los distintos alcances sonoros que se pueden lograr con él. Todo esto, lo hago antes de explicarles que se llama flauta, que se interpreta con una técnica y que hay unas notas que armonizan sus sonidos. Este sentido de practicidad de los niños hace del proceso algo más intuitivo. Así es como funciona su forma de pensar, así que de la mano los lineamientos de las técnicas de Formación Musical de Batuta, yo adapto mi experiencia pedagógica a la cultura, para asegurar que el proceso de aprendizaje sea efectivo y emocionante.

E: ¿Cuál es el poder transformador en los niños, niñas y comunidad?
IA: Primero, el que ellos tengan la oportunidad de aprender a tocar un instrumento y cultivar estas nociones musicales afecta positivamente el uso de su tiempo libre y sus intereses. Segundo, están trabajando día a día como equipo, compartiendo conocimiento con los demás y reconociendo nuevas formas de trabajo conjunto, esto tiene un impacto directo en el desarrollo de sus valores, pues son más generosos, tolerantes y respetuosos. Por último, la comunidad y sus líderes están muy comprometidos con el proyecto, siempre nos acompañan en las reuniones y muestras musicales, manifiestan su interés en que los niños y niñas tengan continuidad en sus procesos formativos y reconocen que es un programa que ha contribuido al bien común de nuestras etnias. 

E: ¿Cuál considera que es el aporte de los niños y jóvenes de las comunidades indígenas a los demás niños y jóvenes de Batuta en el país?
IA: Nuestro resguardo indígena se compone de diversas etnias, cada una de ellas tiene costumbres y creencias distintas. A pesar de ello, convivimos como una sola comunidad hermana, en la que respetamos nuestras diferencias y encontramos convergencias. Creo que hay una gran nobleza en esa forma de actuar y es algo que como colombianos podríamos poner más en práctica, ya que somos muy distintos, pero somos hermanos. Creo que los niños podrían enseñarle a otros como aprendiendo desde la experiencia pueden tener un proceso formativo más íntimo, para sentir la música antes de tratar de entenderla.

E: ¿En su opinión, por qué es importante proteger la cultura de las comunidades indígenas?
IA: A través de los años se ha venido perdiendo la cultura inmaterial indígena. Los conocimientos ancestrales sobre nuestra historia, medicina, forma de caza, la pesca entre otros son fundamentales para nuestra identidad. A través de la música hemos tenido la oportunidad de mantener vigente historias y narraciones sobre nuestro pasado y nuestras costumbres. La importancia de mantener vivas estas tradiciones radica en que hace parte de la riqueza cultural de Colombia y si se extravía este conocimiento en el tiempo, se pierde parte de nuestro componente histórico como nación.

E: ¿Qué mensaje quisiera compartir con nuestros lectores?
IA:
Como comunidad indígena nosotros nos consideramos una misma familia extendida. Ser colombiano es ser parte de una gran familia con una riqueza cultural inmensa, de la cual nosotros somos parte y podemos aprender los unos de los otros para labrar un mejor futuro.
Ser colombiano es trabajar unidos por un mismo fin y por el bienestar de nuestra comunidad en pro de un futuro próspero, a pesar de nuestras diferencias. Creo que a través de la música formamos ciudadanos con valores que más adelante tendrán un papel fundamental en la construcción de una armonía entre territorios y poblaciones. 

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