La nueva era de músicos de la Orquesta Sinfónica Juvenil Metropolitana Batuta

Dormir, despertar, intentar dormir, no conseguirlo, contar ovejas, dormir, volver a despertar, contar ovejas nuevamente, perder la cuenta, volver a empezar, dormir, despertar finalmente, darse cuenta que ese día será uno de los más importante de su vida.

Probablemente es la descripción de una persona insomne, pero en esta ocasión es un relato de una noche y madrugada del mes de abril que bien puede ser la de cualquiera, o la de todos los integrantes de la Orquesta Sinfónica Juvenil Metropolitana Batuta Bogotá.

Sábado 25 de abril en la mañana. Laura Polo es la más nerviosa en la casa de los Duarte Polo, esto se debe a la presentación de su hijo en unas cuantas horas con la Orquesta Juvenil Metropolitana Batuta en el teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, pero Emerson Duarte de once años y clarinetista de la orquesta está tranquilo, aunque bastante ansioso esperando que el reloj marque las ocho de la noche para salir al escenario.

Sábado 25 de abril en la tarde. La hora de despedir a Emerson ha llegado, es el momento de abrazos llenos de amor, palabras de aliento, miradas de orgullo y felicidad por parte de sus padres; Sin embargo, también es el comienzo de un ritual al que él con gusto se somete siempre, la hora de los saludos con sus compañeros de la orquesta, por ser el más pequeño en edad y estatura es el blanco perfecto para las caricias, los abrazos y el afecto, todo esto sucede mientras los músicos se alistan para abordar el bus que los llevará al teatro.

Sábado 25 de abril terminando la tarde. El escenario del teatro está lleno, los camerinos están llenos, los pasillos están llenos, todo el mundo corre, a lo lejos se escucha: ¡Que pasa con la música de los chelos! y cerca 100 instrumentos siendo afinados. El paisaje visual son lengüetas en boca, corbatas volando, planchas y secadores en los cabellos y poses para las selfies que se suben a las redes sociales los jóvenes músicos. Probablemente todo fue planeado o entre filas de instrumentos se agruparon, el primer camerino está copado de músicos de vientos el segundo por los de cuerda, el tercero por el director Juan Pablo Valencia Heredia quien está en “modo concierto”, en algún estilo de trance en el que entra antes de las presentaciones, el cuarto es para la solista y flautista Laura del Sol Jiménez, el quinto para violinistas, violistas, contrabajos y chelistas; el sexto para los percusionistas, en el séptimo están otros músicos de vientos; la verdad es que no sé si son ochos camerinos, pero estoy seguro de que son 100 niños, niñas y jóvenes que están listos para tomarse con música más que solo oídos, los corazones de los asistentes.

Sábado 25 en la noche. El escenario esta ocupado con 100 músicos y un director repasando las obras de Beethoven, Mozart y Tchaikovsky; Aunque también hay espacio para las risas nerviosas, los comentarios, uno que otro chiste, otras selfies para el facebook o twitter, el ensayo de una pieza que será sorpresa al cierre del concierto, y por último, las palabras del director a sus pupilos: “Disfrútenlo, este es su momento, solo dejen que la música fluya”. Ya el tiempo de ensayar termina y llega el momento de relajarse, escribirlo es más fácil que sentirlo. Emerson dice que solo está ansioso, pero verlo ensayar con su maestra de clarinete da cuenta de sus nervios, esto me hizo recordar a un amigo músico que me dijo alguna vez antes de empezar uno de sus conciertos: “Cuando me dejen de dar nervios, es porque esto me ha dejado de gustar, yo amo ser músico”. En ese momento entendí que en ese pasillo detrás del escenario principal a dos minutos de empezar, hay 100 cuerpos llenos de un don que pocas personas tienen en el mundo, amar la música sobre todas las cosas y para muchos era su primer concierto.

Sábado 25 en la noche, concierto. Aplausos, aplausos, aplausos, silencio… Un hombre con cien músicos al frente, cien músicos con más de mil personas al frente, más de mil personas llenas de más de mil expectativas. Se rompe el silencio, suenan los violines, violas, chelos, contrabajos, flautas, oboes, cornos, fagotes, trompetas, tubas, trombones, la percusión y por supuesto, el clarinete de Emerson. Ver a estos 101 artistas fue entender “el modo concierto” del que me había hablado el maestro Juan Pablo, soy testigo de cómo es posible convertir los nervios en melodías, en caricias para los sentidos de los espectadores, en… esa palabra tan hermosa y perfecta que no he logrado encontrar en el diccionario.
El Mozart, es el segundo gran momento después del apoteósico recibimiento de la orquesta, Laura del Sol Jiménez, flautista invitada brilla en el escenario, y aunque es un reto para sus acompañantes estar al lado de tan excelente artista “dan la talla”, prueba de eso son las ganas incontenibles que tengo de gritar ¡Otra, otra ,otra! pero menos mal no lo hago, porque en estos concierto eso se pide al ritmo de las palmas, como lo hacen todos los demás espectadores, que si no hubiese sido por el intermedio anunciado por los altoparlantes, de seguro todos seguiríamos aún hoy con una avalancha de aplausos interminables.

Sábado 25 en la noche, intermedio del concierto. Abrazos, felicitaciones, una que otra foto, y cuando parecía que habían pasado tres minutos, a lo mucho, ya es el momento para que los músicos vuelvan al escenario.

Sábado 25 en la noche, aplausos y más aplausos. Es difícil identificar si la obra de Tchaikovsky es muy buena o la OSJMB la interpreta aún mejor, los aplausos se volvían parte del repertorio de la noche, logrando que sí alguno de los espectadores fue pensando en un concierto jarto, con seguridad ahora está pidiendo ¡Otra, otra, otra! eso sí, sin gritar, pero al ritmo de las palmas. El público sigue disfrutando de Emerson y todos sus compañeros de la orquesta que están literalmente devorando el escenario como profesionales, y aunque algunos pensemos que no hay mejor manera de cerrar el concierto, suena una pieza que hasta los menos entendidos de la música, como yo, la bailamos, la sentimos y conocemos, Colombia tierra querida de Lucho Bermúdez. Puedo utilizar cualquier figura literaria para dar una descripción de lo que pasa en el teatro, pero lo mejor es pasar a letras las imágenes que veo: 100 músicos bailando, levantándose de sus sillas porque el ritmo así lo pide, agitando pañuelos de colores amarrillo, azul y rojo, riéndose, disfrutando, siendo felices, y lo mejor de todo, más de mil personas hacen lo mismo, solo les falta el pañuelo, pero los más creativos lo toman sus bufandas o con lo que tengan a la mano, aplausos y más aplausos.

Epílogo: Del 25 de abril se podrá decir muchas cosas, que fue el debut de Juan Pablo Valencia como director orquestal de Batuta, la actuación brillante de la flautista Laura del Sol Jiménez, un gran concierto de 100 músicos jóvenes, pero en verdad lo que pasó fue el inicio de la nueva era de músicos de la Orquesta Sinfónica Juvenil Metropolitana Batuta, el relanzamiento de la Orquesta representativa Batuta en Bogotá.

Por: Andrés Rincón Maldonado 

Regresar