Enamorado, un niño guajiro que se supera a sí mismo gracias a la música

Para llegar a escuchar la música de Daniel Enamorado hay que dirigirse a Paraguachón, un corregimiento ubicado a 8 Kilometros al oriente de Maicao, marcado por un intenso calor y por ser el punto final del trazado de la Transversal del Caribe donde acaba La Guajira y empieza Venezuela.

A sus siete años de edad, Daniel vuelca en la música todo su espíritu infantil, que se dio como un llamado inherente desde que empezó a hacer parte del programa Música para la reconciliación que implementa la Fundación Nacional Batuta, con el apoyo del Ministerio de Cultura. Al inicio, entender que hacía parte de un ensamble de iniciación requirió de un comprometido aprendizaje, con el fin de dominar la técnica y teoría que requiere la interpretación de distintos instrumentos para los que hay que agudizar los sentidos y trabajar en equipo para un mismo fin: hacer música.

Su familia llegó a Maicao 13 años antes de su nacimiento. A pesar de la ausencia prematura de su padre, su madre trabajó por brindarles un hogar idóneo y educación de calidad. El legado que dejó su madre antes de su fallecimiento fue un nuevo hogar en Paraguachón, en la Urbanización Renacer, donde hoy en día vive con su tía y abuela, que son los pilares de la nueva conformación de su hogar. Esta frágil situación, dejó una marca en su comportamiento, que afectó su convivencia con los demás, su autoestima y desempeño escolar.

Ante este nuevo escenario, surgió la oportunidad de vincularse a las clases de Batuta, lugar en el que a través de un proceso de formación musical con acompañamiento psicosocial, se inició en una nueva etapa de su desarrollo personal en las dimensiones sociales, académicas y artísticas.

‘’Daniel llegó inicialmente con desinterés, no obstante, al integrarse más en las clases, vimos que su comportamiento fue cambiando paulatinamente en acciones concretas como pedir permiso, tolerar a sus compañeros y solucionar sus conflictos de una manera pacífica’’, comentó Humberto Deluque, Coordinador Musical del Centro Batuta Paraguachón.

Desde hace año y medio, tiempo en el que la música empezó a impactar positivamente la vida de Daniel, sus avances se han reflejado en las notas escolares, su relación con sus compañeros y su respeto a los mayores. Hoy Daniel es un ejemplo de poder transformador de la música y como los formatos de aprendizaje colectivo, junto a un acompañamiento psicosocial, logran propender la inclusión social y el disfrute de los derechos de los más vulnerables: Los niños, adolescentes y jóvenes.

Esta es una de las experiencias, de las más de 43.000 que tenemos en todo Colombia, de niños y jóvenes que se forman en música para superar barreras y potenciar sus habilidades cognitivas, sociales y académicas.

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